domingo, 28 de febrero de 2010

No puedo dejar de pensar

No puedo dejar de pensar
en la sucia vida
estamos rodeados de sucias vidas
que nunca lavan
sus trapos sucios
duermen tranquilos sobre ellos.
Todo ocurre bajo una luz
y he definido la mía
como apacible y limpia,
medito me relajo
estudio la forma
de llevar la basura
vuestra basura
muy lejos de mí.
No les doy de comer
a las cucarachas de mi casa
pero ellas se conforman con poco.










La vida es dura y peligrosa
y nadie espera a nadie
en esta prisa
de a ver quién bebe
más güisqui
en una noche de intereses.
Entre los dos
habrá un perdedor.

Foto: jose rasero

sábado, 27 de febrero de 2010

Suelo caminar bajo la luz












Suelo caminar bajo la luz,
pero hay días
que floto en ella.
Así me ocurre igual
con las sombras
de los lápices y las agujas del reloj.
Y por pasar no pasa nada,
sólo una negrura inquieta
respira en mi pecho.

Foto: jose rasero

miércoles, 24 de febrero de 2010

Recompongo en el espejo










Recompongo en el espejo
la mirada de chico bueno
pero mi cara cae sobre la luz
como una gota en un charco,
un ojo se va al sur
y la boca al noroeste.
Toqué el fresco aire de una placidez
parecido al de la carne de una hembra
y dormí con mis gatos un sueño
de sombras amables.
Desperté y era un armario vacío,
un maniquí sin ropa,
una flor en blanco y negro,
un marinero sin tatuaje.
Callan las golondrinas,
las sombras avanzan
en mi quietud de planta.
No corre el aire ni el agua,
cuando te vas todo queda
en una estática paz
de chimeneas sin humo.
Silencio en un mar de plomo.
Caigo al vacío.
Y ni siquiera un fin incierto.
No tengo más que de lo preciso.
Mi vida te echa de menos.

                                                             (A María)

Foto: jose rasero

martes, 23 de febrero de 2010










Calor. Levante. Tinto de verano. 2:33 horas.
Sueño. Solo. Refugio. Vida. Ella.
Canta. Escucho. Silencio.
Comida. Fuego. Ducha. Dormir.
Yo, Tarzán de las azoteas.
Tú, Jane amada.
Verdad de hombre mono.

domingo, 21 de febrero de 2010

A la vuelta del tiempo












A la vuelta del tiempo
el que huele a lápiz, a goma y a colonia,
el de las libélulas
viene el frío aullador
los rincones salvavidas
y la soledad que te raja.
El comienzo
es una bolsa de basura
y en los platos de hielo blanco
hay una despedida.
Muerte o vida o simple existencia
no será todo el mismo esconchón en la pared
todavía la ausencia manda llantos.
A mí me queda
algo de tabaco y unas manchas de humedad
un tinto de mesa y una alegría tonta
y me queda comer comer
en este restaurante de la incertidumbre.

(10-3-2000)

Foto: jose rasero

sábado, 20 de febrero de 2010

Dios sabe

    Por supuesto, aún como un capullo, sufro la mordaza soberbia de aquellas imágenes, como si ahora mismo estuviera viendo a un metro cuadros de Picasso o una colosal escultura de Rodin. Me refiero a ese extraño trance que se alcanza con los sentidos cuando se penetra en una catedral o un museo, o se escucha música de Stravinsky. Estaba subyugado por completo cuando obtenía esa tibia hemorragia de placer mucho más sublime que la paz del vasito de leche fría y las galletas en mis madrugadas de insomnio.
Todavía, cuando recuerdo que las tuve entre mis dedos, me recorre un escalofrío por las vértebras. No deseo creer que esto me esté calando hondo, no quiero obsesionarme. Contemplo el vacío sin dejar de pensar en los enrevesados sentimientos de abandono y sensualidad secreta que aún anidan en mi cabeza. ¿Cómo es posible que cosas tan pequeñas envenenen tanto?

Un leve contacto, una caricia con la punta de los dedos que casi era un roce imperceptible. ¿Tan fuerte es el poder de sus curvas, con esa suavidad animal? Tenían vida, o algo más que vida, misterio. Como islas deshabitadas a las que se llega náufrago. Trato de darme algún consuelo -como podéis imaginar-, llegar a alguna conclusión, hacer razonable el marasmo de conexiones que existen entre mí y aquellos momentos reveladores de una nueva vereda en mis instintos.                                                                                        
Sin maldad me veía como un inventor de mariposas, con tan solo revivir aquellos encuentros conformados de sutiles toboganes, concavidades, recovecos, túneles abiertos... Un laberinto sin hilo de Ariadna donde morir con ese pellizquito de carne de tan profunda ternura. Y bien, ¿por qué perdí aquellos maravillosos apéndices?, ¿pensaría Ana que estaría toda mi vida sobándole sus deliciosas orejas únicamente?
Eso sólo Dios lo sabe.


*Relato publicado en 2004 en el número 11 del fanzine Tres Pestes.

Foto: jose rasero

viernes, 19 de febrero de 2010

Me agito

Me agito
solamente
me agito
cuando tú me miras
y no hay café en la cafetera
y el motor del frigorífico vacío
no para de vibrar.












Me agito
solamente
me agito
porque todo está muy limpio
como un cielo sin nubes.
Ahora te dejo respirar
luego te quitaré el aire
con mi misma boca.
Me agito algo tiembla
por el túnel de mi pecho,
paseo la tarea de pintar
arcoiris en los rincones de tu piel
y navegar sin brújula
en el mar de tus palabras.
Angelito desplumado
por qué bailas entre el humo
del cigarrillo
con esa sonrisa
de alumna perversa
no sabes que me agito
que solamente
me agito po ti.
Criatura de cal y hueso
bajo la luz de la ventana
no pienso.
Tengo fuegos artificiales
en mi cabeza
y me agito
solamente
me agito.

Foto: jose rasero

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ahora vivimos en blancas y solitarias habitaciones











Ahora vivimos en blancas y solitarias habitaciones
qué fue de aquella esperanza épica
aquel aire fresco que nos acarició el rostro
flotábamos como nubes nacaradas,
teníamos la frente limpia de cicatrices
y en nuestra piel el color del sol
borracho de arena, de sal, de gaviotas,
de noches hasta el amanecer
bailando desesperadamente nuestra edad
de bocas contra bocas sin preservativos.
Estábamos enfermos de un supuesto amor crónico
a Picasso, a Cortázar, a Coltrane.
Ahora me conformo con ser feliz
matando mosquito
y navegando con mi diente podrido
por la línea caliente del teléfono.
Ahora se mata lentamente no hay poción.
Y ahora en especial me acuerdo de John Coltrane
porque me sale de las pelotas.

Foto: jose rasero

martes, 16 de febrero de 2010

Estoy contigo

Estoy contigo,
te daré todo por nada,
es mal negocio
pero estaré contigo.
Te esperaré,
será una mala historia
y estaré contigo.
Tendré hambre,
tendré miedo,
tendré soledad
y estaré contigo.

Serás el fuego
en la casa de papel
y estaré contigo.
Nadie puede quitarme
lo que he aprendido
estando contigo.
Andarán los bichos
dentro de mi cabeza
y estaré contigo.
Lo que tú quieras
me contarás
y estáré contigo.

Foto: jose rasero

lunes, 15 de febrero de 2010

domingo, 14 de febrero de 2010

Salimos de Madrid













Salimos de Madrid
con ocho minutos
de sobra
la nieve nos
pisaba los talones
atrás dejamos
a Cervantes
y al agente 007
salimos de Madrid
allá quedaron
sus almuerzos
sus fiestas
y sus meriendas
de negro.

(De El dibujo de tus labios o la burbuja de cerveza)

Foto: jose rasero

sábado, 13 de febrero de 2010

Los fantasmas de la tempestad













Los fantasmas de la tempestad
están danzando a mi alrededor
y por la supuesta sombra
que atraviesa el cristal
se ha detenido la luz del farol
pensaría que son amigos
del ruidoso desorden
de mis monstruos personales
de vez en cuando
uno se cae por las escaleras
y no le pasa nada
entonces se piensa
que la vida merece otra oportunidad.


Foto: jose rasero

jueves, 11 de febrero de 2010

Prólogo - y 3 -

Por Juan Diego Fernández

    Fernando llevaba en sí el auténtico hálito del poeta, entre bohemio y existencialista se paseaba por los cementerios. En el de Cádiz estuvimos más de una vez para admirar lo fútil de la vida. A Fernando le inspiraba el crepúsculo y la luna. Él me contaba una graciosa anécdota amorosa a la luz del astro nocturno. La playa de la Victoria era el escenario: los personajes, una novia y él. Un revolcón en la arena y en la oscuridad. Pasan los ardores y, ya de pie, un farol descubre el pastel: los amantes se habían puesto guapos de heces de perro. Cádiz tacita de caca para los críticos, se reía burlona. Gil Cano, más de una vez nos hemos encontrado los tres en el balneario de la Caleta y hemos disfrutado del sabor de la decadencia. Fernando, alteza que no se lo cree, nos ha hecho el honor de compartir recitales con ambos. Recordarás el del puticlub "El Pópulo", la crem de la crem se peleaba por participar. O aquel otro en la Facultad de Medicina, la de bulos que se contaron sobre nuestras actuaciones. Poco a poco se fue fraguando en su cabeza el concepto de "poesía dura contemporánea", hasta dar con el poema clave de este movimiento suyo y propio.

 "Déjalo, déjalo. Hoy no estoy para juegos. Sé que es tu día libre; pero no me toques las tetas..." Esto se convirtió en canción y luego en himno, por una juventud dubitativa. Jerez no puede desconocer que Fernando, también, es el más arriesgado saxofonista de la provincia. Conmigo empezó en Niñamónica y en Madrid nos conocieron por Hambre y Moral. Para él, como creo que para nosotros, la vida es un sinvivir. Sus amores han sido tremendos, platónicos, crueles. En Madrid, por ejemplo, todas las noches cogía el metro a Carabanchel por amor. Mucho humor le tenía que echar para esas idas y vueltas. Él no cree que sea cómico; pero tú eres el primero, Mauricio de sonrisa egregia, que te has tenido que partir con él. Mi mujer bromeaba con la comida tan mala que te dan en Sevilla; él se espantaba. Tú apostillabas que tu hermana venía a Jerez para que sus niños comieran cosas sanas; él no salía de su asombro y aseguraba que en  Sevilla encontraba buenos bares. A veces, pienso que es incapaz de hablar sin la verdad en la mano. El rey nunca miente. Ahora, modernos y clásicos, podemos encontrarlo en su azotea de la gaditana calle Zaragoza. Jerez debe acercarse en peregrinación a este oráculo y rendirle pleitesía. Dios te salve, Fernando.


(En la fotografía, Fernando Cañas y Juan Diego Fernández: Hambre y Moral)

martes, 9 de febrero de 2010

Negro poema de madrugada con gatillazo y güisqui

Lluvia sin chica guapa
humo contra el espejo sucio
marcas en la piel
corazón que palpita
en la garganta seca.

Dolores humanos
dolores miserables
rabia agotamiento olvido
de la sonrisa
tiempo inestable.
Todo es lo que parece
y nada es lo que es
para mí que la sangre
es un invento
del señor de las moscas
que siempre reclama
lo que es suyo,
esa sangre negra
que salpica en las esquinas
a los que matamos
con palabras blancas
de arcoiris y mariposas.

Foto: jose rasero

lunes, 8 de febrero de 2010

Prólogo -2-

Por Juan Diego Fernández


Su espíritu estaba en continuo planteamiento, un progresista nato que ponía en tela de juicio cualquier esquema que pareciera ley, incluído lo íntimo. Lunático desde joven, escogió a Lorca; pero más que influencias, lo suyo es instinto a flor de piel. Como su música al saxo, sin escuelas, auténticos desgarros, que vienen de dentro. Artista para todo, sin darse importancia, poesía, música, y no olvidemos sus dibujos. Trazos espontáneos que adornan y aligeran sus cavilaciones mentales. No quiero arrojar bondades gratuitas, yo que le decía que de nadie se fiase y menos de mí. Pero os aseguro que lo que más une a dos individuos es haber pasado hambre juntos y haber tenido, también, moral para salir a flote; por eso lo llamo hermano, porque nos elegimos sin el atavismo de la sangre.


Y prefiero en esta introducción a su antología poética repetir aquello que escribí estando él vivo, para la revista Jerez Ciudad, el 12 de abril de 1994, titulado "Amor, humor":
        Estos términos que titulan mi epístola, acostumbrado Mauricio, no me pertenecen. Es el último poema del padre de la poesía dura contemporánea. Claro que lo conoces, se trata de Fernando I de Cádiz y V de Jerez. Lo quieres tanto como yo y él a los dos. Pues bien, me ha visitado hace poco en Sevilla. Se presentó con perilla de chivo expiatorio. Casualidades de la vida, tú también te has dejado crecer la barba. ¿Es que te sientes cabra en el monte, Mauri sin rebaño? Fernando, aparte de su humanidad noble, me dejó este poema escueto, pero amplio. Dice que cada vez más busca la esencia de las cosas, quiere huir de sus pajas mentales. Estarás conmigo, que Jerez no puede estar más tiempo ignorante de este hijo suyo de la calle Ponce, número once. Ahí nació, jugando en la Victoria y regateando arte en Santiago. Luego, siendo todavía niño, trasladó su corte a la plaza de San Antonio de Cádiz. Y por eso el pueblo, en general, cree que este monarca grande en su modestia es sólo gaditano. Reivindico su jerezaneidad desde esta publicación ejemplar; aunque sé que esta humilde realeza detesta la notoriedad. Yo me lo encontré  allá por los ochenta, cuando él tenía 16 años, siempre andaba con personas mayores. Un adelantado. Me lo presentaron y ya escribía poemas. Nadie lo tomaba en serio, "es un crío, un plomo". La chusma injusta no caía en la cuenta del filósofo en ciernes.
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Foto: jose rasero (Ilustración del número 11 de Tres Pestes)

domingo, 7 de febrero de 2010

El sol reposa en mi piel











El sol reposa en mi piel
miro al mar verde.
No hay nada que hacer,
cerrar los ojos,
dejar que los jazmines huelan,
caminar en la orilla del mar,
el día es mío,
como él, que nada frente a mí.
Soy una mujer libre,
tumbada en la arena caliente
es grato sentirse viva así,
estoy bien será eso,
me gusta que pase el tiempo
sin problemas,
cuando salga le haré el amor,
el sol calienta mi piel,
él nada.

Foto: jose rasero

Prólogo -1-

Por Juan Diego Fernández

Verdad. Eso es la poesía de Fernando Cañas. Porque él escribía igual que vivía, incapaz de engañar. Sus palabras eran trozos de órganos en escaparate. Hígado, páncreas, estómago... mucho corazón y, por supuesto, sexo. Tirado, perdiendo el tiempo, viendo pasar musarañas en el horizonte, masturbándose la oreja y garabateando en cualquier sitio, en un recibo de la luz mismo. Era un gran onanista y un enamorado eterno, el amor siempre en conflicto, ya correspondido ya perturbado, preside toda su obra.

Reacciona contra el mundo insensible desde su experiencia amorosa, él hubiera dejado de respirar ante un ambiente hostil al arte o a la sensibilidad, señalándose muchas veces con su voz el lado femenino. Sus poemas, sin ninguna afectación intelectualoide y sin proponérselo, entroncan en la bohemia finisecular del XIX español, siendo el eslabón encontrado a finales del siglo XX. De una producción poética extensa y desperdigada en variopintas hojas sabemos que dos partes las ordenó bajo los títulos de Breve poemario de vesania y El dibujo de tus labios o la burbuja de cerveza. En prosa conocemos un prólogo sorprendente al libro Brochazos de Jose Rasero y diversos relatos en fanzines [Radio Ethiopía, Tres Pestes...] Es el poeta moderno por la gracia de Dios, es decir, por nacimiento, sin estudios. Así fue parido y así se muestra, pura vanguardia de sinceridad. Lírica visual, cine y pop-art en papel (imágenes eróticas algunas más chocantes y más sucias que aquellas del maldito conde de Lautreamont, con una mística diabólica) Te atrapan los versos de Cañas porque duelen, están dichos desde el sentimiento, son rápidos, pensados y escritos, casi sin puntuación, quizás por su caprichosa dislexia. Es poesía a lo bruto, sin pulir, sin esperar el agrado de un crítico o un académico de catálogo, por eso es emocionante tenerla viva en su salvaje naturaleza. Llena de paradojas, como tanto a él le gustaba, subir y bajar (esa escalera, que puso fin a sus 39 años, fue asesina y salvadora, lo hico caer y elevarse cual estirada figura de Greco)
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Foto: jose rasero (Ilustración del número 11 de Tres Pestes)

viernes, 5 de febrero de 2010

Despedí a la lógica
como a una incompetente empleada
y abracé tus piernas
como el náufrago al madero.

Un clavel para Fernando Cañas

Por Mauricio Gil Cano (Artículo publicado en Diario de Jerez. 2007)


Paco Clavel no come carne, pero hace una excepción. Le encanta el jamón ibérico de bellota. El genial artista estuvo en Jerez para presentar la antología póstuma de Fernando Cañas, “Diamante roto”. El inventor de esa singular estética llamada cutre-lux es, sin embargo, persona increíblemente natural y cercana. Llegó a la Escuela de Hostelería luciendo sobreanteojos y un originalísimo atuendo, donde se combinan elementos inefables de la posmodernidad más disparatada y la desfachatez bien entendida. A manera de absurdo sostén, sobre el pecho, exhibía unas bragas rojas. Mezcla inefable de maruja psicodélica y genialidad cabaretera, es fácil dejarse seducir por la amabilidad de sus modales y la ternura de su ingenio. La aparatosidad de su imagen no oculta la calidad humana de quien rápidamente consigue hacerse querer. Disfrutó en la mesa y disfrutamos con él, al degustar un exquisito menú maridado con nobles jereces. En particular, el palo cortado adecuaba el paladar para saborear el sublime minuto de bacalao glaseado con ali-oli.
Noche de luna llena. El acto literario que sucede en la bodega Conde de los Andes disuelve las fronteras entre las artes para aflorar el espectáculo. La emoción nos embargó y embriagó al recordar los versos inmarchitables de Fernando Cañas. Su íntimo amigo Juan Diego Fernández llegó incluso a cantar varios poemas de la antología. Y Paco apostillaba, recalcaba, evocaba la singladura madrileña de dos jóvenes intrépidos procedentes del sur, con quienes conectó rápidamente, porque, entre otras cosas, le maravillaron las letras de sus canciones. Fernando, quien se define en sus versos como “un maldito más/ en estas horas malditas/ que ríe con los dientes/ manchados de café”, jamás tuvo un gesto de impiedad para los demás, al decir de quienes lo trataron. Sincero y bienplaciente, estaba convencido de que para vivir no hace falta ganar mucho dinero. Los amados de los dioses mueren jóvenes.
La intensidad de la noche se roció magníficamente. Si Paco Clavel encuentra el momento de sosiego para disfrutar la botella de Fino Imperial que le regalaron, sentirá nostalgia de las horas disfrutadas en Jerez y brindará en memoria de nuestro llorado poeta. Cuando Affaire Niñamónica, el grupo donde Cañas era saxo y letrista, actuó en aquel mítico certamen jerezano Alcazaba de rock, fue recibido con una lluvia de claveles. Curiosamente, el libro de Fernando ha traído a Jerez al Clavel más divertido y libertario de la hagiografía posmoderna española.

jueves, 4 de febrero de 2010

Luna llena










En su oculta cara
el jardín de las delicias,
luna flotante, densa,
que aspiro,
luna que bebes
el vidrio de mis ojos
y el ritmo de mi lengua.

Luna de ojos de gatos,
con cuernos de toro
y venas de gitano,
entre vergas erectas y pubis,
luna sin camino y en tránsito,
rabiosa luna de colmillo
que me sangra en los labios,
con nubes de hachís.

Luna con esperma,
donde habita un ojo
y de un golpe en el cráneo
danza Lorca
por Verlaine borracho,
de gaviotas negras
que aman su vida podrida,
descuajada de palabras
en esta luna penetrada.


Foto: jose rasero

miércoles, 3 de febrero de 2010

Dedicatoria















Este libro es para todos aquellos
a los que nunca les llegan a sus manos
libros de poesía.
Porque la vida es lo primero
y son pobres o están parados
o son alcohólicos clandestinos
o simplemente subsisten en infraviviendas
a salto de mata y están siempre
al borde del barranco
y muy especialmente
a María del Rosario Gallego
con todos los derechos.

(Dedicatoria encontrada entre los papeles de Fernando Cañas para un proyecto de libro)

Diamante Roto.  EH Editores.  2007

Foto: jose rasero

Fernando Cañas, Mon amour

Por Ana Sofía Pérez-Bustamante Mourier

Hay que tener valor para apostar por lo que en teoría es una quimera, como es el caso de Mauricio Gil Cano, director literario de EH Editores, que primero se lanzó a editar tres piezas de teatro canalla de Eloy Gómez Rubé (La Trilogía. Sperpento gaditano de las vidas standars) y ahora se atreve con la poesía de Fernando Cañas (1964-2004). Nunca he asistido a una presentación de libro tan magnífica y disparatada como la que recientemente tuvo lugar en Jerez de la Frontera. Objeto: Diamante roto, antología de poemas del fallecido Fernando Cañas preparada por Juan Diego Fernández Rosado y editada por EH Editores (Escuela de Hostelería de Jerez, colección «Hojas de bohemia»), a cuyo frente está el susodicho Mauricio, escritor, poeta y, en vista de los resultados, excelente gestor editorial. Los dos, Mauricio y Juan Diego, fueron colegas de Cañas, que "desde muy joven se siente poeta".
Además de autodidacta y atrevido en todas las artes. Letrista y saxofonista de los grupos Affaire Niñamónica, Hambre y Moral y Bah! [y Los Trapecistas]. Marcha Fernando a Madrid. Es poeta disléxico, músico de oídas, pintor en servilletas y otras cosas, desde albañil a charcutero. Ama, sufre, ayuna, bohemiza. Muere al caer sus treinta y nueve años por unas escaleras en la gaditana calle Rosario Cepeda (justo donde vivía Fernando Quiñones: calle mágica y maldita). Lugar de presentación de la antología póstuma: bodega Conde de los Andes (amplitud, elegancia, ese impagable olor a vino tan húmedo como si fuera moho). Público: masa que no sabemos cómo se apaña Paco Carrasco para reclutar; sólida clase-media-bien fiel a la poesía (sublime), y muy atraída (todo hay que decirlo) por la presencia de Paco Clavel (cutrelux y Salsa Rosa). Señoras sobre todo, con collares de perlas y vastas horas de tele, y algún retal de la vida peligrosa, reciclado o no, de los que siempre en los actos se ponen detrás, cerca de la puerta y de las copas. Presentación amistosa y delirante. A Mauricio la emoción le cierra la garganta. Paco Clavel, vestido de sí mismo, con un abrigo de cebra o similar, una braga roja a modo de sostén, gafas con anteojeras volantes y sombrero, recuerda el Madrid de los ochenta. Sorpresa: Paco Clavel, indescriptible shock visual, es un muchacho dulce, inteligente y educado que asume su papel de gancho mediático sin chupar cámara, con la elegancia (insólita hoy) de un caballero. (Creo que no debe ser difícil amar —con total inocencia— a Paco). Juan Diego, provocador histriónico y genial, ladra, cuenta, canta y recita, se ríe del público (que está deseando copear) con versos lírico-surreales:

Yo soy el ladrón de estrellas
todas las noches cojo un par de ellas
y no lloran les doy coca cola
las mimo de buena forma
les pongo camisón,
también les digo la verdad
la cúpula celeste no brillará
les enseño a no pensar y a besar
nadie me atrapará
las tengo en mi techo
de rojo pasional
y les doy de fumar
hachís del nueve
pues moradas están divinas
soy el ladrón de estrellas
nadie me atrapará.

Versos cómico-apasionados de contundente intensidad con frases como balas:

Calor. Levante. Tinto de verano. 2:33 horas.
Sueño. Solo. Refugio. Vida. Ella.
Canta. Escucho. Silencio
Comida. Fuego. Ducha. Dormir.
Yo, Tarzán de las azoteas.
Tú, Jane amada.
Verdad de hombre mono.

Versos coprofílicos de romántica y decadente intensidad:

Dame tus heces
y serán comidas
relamiadas y vomitadas,
confórmame con el desprecio
prostituido en un café
por el alcohol, mírame
no soy acaso cualquier cosa
como un hombre vulgar...

Delirante imaginación zafio-fantasiosa que se hace íntima confesión de debilidad:

Testículos colgando en el horizonte
como bolas de navidad
la inocente sonrisa de la puta
y el olor a mar en la boca.
Camino por la acera hasta el fin
fui una canción olvidada
de tu silencio
nació una voz
y de tu voz
nació el silencio
hay algo más terrible
que el miedo
hijo de puta miedo
que marcas mi vida
quién me quiere a mí
para jugar con la luna.

Versos brutales que traducen la más total desilusión sin renunciar a la ironía:

Todo sueño es violado
en su trastienda
por un burdo proveedor
de realidades.
Hace mucho frío
Y está lloviendo.
¡Qué difícil es hacer algo caliente!
Voy a la cocina
y leo una pegatina:
«Prueba tu libertad».

Versos amablemente tristes («Por favor, sé feliz»), y tantos otros versos implacablemente lúcidos:

No puedo dejar de pensar
en la sucia vida
estamos rodeados de sucias vidas
que nunca lavan
sus trapos sucios
duermen tranquilos sobre ellas.

El difunto Fernando tenía instantes poéticamente maravillosos de relámpago en la piedra. También muchos momentos de inabordable soledad:

Soy un trozo de hombre olvidado,
sentado, mudo, enormemente triste,
solo con demasiada soledad,
casi para volverse loco
y espero, mientras...
Ese animal invisible me devora
en este rincón no hay otra cosa,
el gris impera en la pared sucia.
Ya está,
ahora me he asesinado,
(...)
Sentado, mudo,
y enormemente triste,
porque no viajo con Iberia.

Fernando, amor: te visitaban las musas como sólo ellas lo hacen, desmedidamente crueles (José Carlos Somoza pudo hacerte protagonizar su novela de gore poético La dama número 13). Te custodian tus ángeles: Juan Diego Fernández y Mauricio Gil Cano. Entre la extravagancia surrealista y el realismo sucio que es la otra cara —canalla— de la experiencia, allí estás tú, desvalido y brillante. Todos vamos a morir, pero antes, morituri te salutant, Fernando Cañas, corazón explosionado en la penumbra, poeta deslumbrante o deslumbrado que un buen día rodó por las escaleras. Nosotros rodamos contigo repitiendo tus versos: «Dame tus heces/ y serán comidas...» Cuánto amor desmesurado, desmedido. Amor desconocido. Amor, Fernando.


Artículo publicado un martes 4 de noviembre de 2008 en:  Centro Virtual Cervantes